No hay nada más reconfortante que un buen plato de comida casera preparada con paciencia. Cocinar lentejas a fuego lento permite que los granos absorban todos los matices de un sofrito clásico de cebolla, ajo, ají dulce y cilantro.
A diferencia de otros granos más duros, las lentejas tienen la gran ventaja de no requerir un remojo previo de toda la noche. Solo necesitas lavarlas bien, preparar tu base de vegetales y dejarlas cocinar a temperatura baja. Esta cocción lenta y sin prisas es fundamental para que queden tiernas, no se desarmen y el caldo espese de forma natural. Además, es un plato sumamente nutritivo que sabe aún mejor al día siguiente, perfecto para almacenar en recipientes y resolver los almuerzos de la semana.



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